La gestión del dolor crónico y del síndrome de fibromialgia exige intervenciones multimodales que combinen educación, ejercicio terapéutico, tratamiento farmacológico cuando corresponde y técnicas físicas o invasivas de soporte. En los últimos años han ganado protagonismo dos abordajes concretos: la electrolisis percutánea (también denominada percutaneous needle electrolysis — PNE o EPI) y la magnetoterapia (principalmente campos electromagnéticos pulsados, PEMF).

 

Electrolisis percutánea (EPI / PNE)

 

La electrolisis percutánea consiste en la aplicación de corriente galvánica a través de una aguja insertada en el tejido lesionado (tendón, punto gatillo, fascia), habitualmente guiada por ecografía. El objetivo clínico declarado es provocar una respuesta inflamatoria local controlada que facilite la reparación tisular y modifique mecanismos de dolor locales y segmentarios.

Evidencia en dolor crónico generalizado y fibromialgia.

No existe una evidencia robusta y específica que respalde la PNE como tratamiento de primera línea en fibromialgia. Algunos estudios experimentales y ensayos controlados han investigado efectos sobre mecanismos endógenos del dolor y puntos gatillo miofasciales, mostrando respuestas analgésicas agudas o subagudas en dominios concretos (p. ej. dolor miofascial localizado), pero la extrapolación a la fibromialgia es limitada. En otras palabras: PNE puede ayudar a pacientes con dolor miofascial o a modular puntos gatillo que contribuyan al cuadro, pero no sustituye las estrategias centradas en el manejo del dolor central y la rehabilitación global.

En pacientes con fibromialgia puede ser útil como cointervención para tratar focos miofasciales que perpetúan el dolor, siempre integrada en un programa multimodal (educación, ejercicio, terapia cognitivo-conductual cuando proceda). 

 

Magnetoterapia (PEMF — campos electromagnéticos pulsados)

 

La magnetoterapia engloba técnicas que exponen tejidos a campos electromagnéticos de baja intensidad y frecuencia (PEMF). Se han utilizado en múltiples condiciones: osteoartrosis, dolor lumbar, lesiones postquirúrgicas y algunos ensayos en fibromialgia.

Evidencia en fibromialgia y dolor crónico.

Los resultados son heterogéneos. Hay estudios piloto y ensayos controlados que muestran mejoría estadísticamente significativa en dolor, calidad de sueño y calidad de vida en pacientes con fibromialgia tratados con PEMF, pero también existen RCTs negativos. Revisiones recientes indican que PEMF puede ofrecer alivio del dolor a corto plazo en algunos subgrupos de dolor crónico y que los efectos sobre función y calidad de vida son promisorios en ciertas localizaciones (p. ej. lumbalgias crónicas, artrosis). Para fibromialgia específicamente, los datos son preliminares: algunos estudios controlados muestran efecto positivo sin eventos adversos importantes, aunque la heterogeneidad de dispositivos, parámetros (frecuencia, intensidad, duración de sesiones) y tamaños muestrales dificulta extraer recomendaciones firmes.

Es una técnica no invasiva con perfil de seguridad favorable. Puede considerarse como herramienta complementaria en programas de manejo del dolor crónico y ha mostrado señales de eficacia en algunos estudios de fibromialgia; sin embargo, la prescripción debe basarse en protocolos validados (cuando existan) y en la monitorización objetiva de respuesta (dolor, función, sueño). Se recomienda emplearla como parte de un tratamiento multimodal y documentar parámetros (frecuencia, dosis, número de sesiones) para poder evaluar efectividad en la práctica clínica.

 

¿Cómo integrar estas técnicas en la práctica con pacientes con fibromialgia?

 

  1. Evaluación multidimensional: antes de cualquier técnica, valorar componente nociceptivo periférico vs central, grado de sensitización central (áreas dolorosas generalizadas, alodinia, hiperestesia), comorbilidades, sueño y estado psicológico.
  2. Priorizar educación y ejercicio: la evidencia más sólida para fibromialgia apoya ejercicio gradual, educación y abordajes cognitivo-conductuales; todas las técnicas físicas se insertan como coadyuvantes.
  3. Uso pragmático de PNE/EPI: en pacientes con focos miofasciales o tendinopatías concomitantes que amplifican el dolor, PNE guiada por ecografía puede reducir el dolor local y facilitar la adherencia al ejercicio. Documentar respuesta a corto plazo y ajustar plan.
  4. Uso pragmático de PEMF: considerar sesiones seriadas cuando el paciente tenga alto impacto del dolor sobre sueño y función, y cuando otros tratamientos farmacológicos/conservadores sean insuficientes o mal tolerados. Registrar parámetros y resultados.
  5. Combinar con ejercicio y terapia manual: la mayor parte de la literatura muestra mejores resultados cuando las intervenciones físicas se integran con programas activos (ejercicio excéntrico en tendinopatías, programas de fortalecimiento y aeróbicos en fibromialgia).

En Salud Integral Bilbao disponemos de tecnología avanzada para aplicar tanto EPI/PNE como magnetoterapia, siempre dentro de un enfoque individualizado y multimodal de manejo del dolor crónico y la fibromialgia. 

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