Cada invierno, muchas personas con dolor crónico o fibromialgia experimentan un empeoramiento claro de sus síntomas.
Lejos de ser un mito, la investigación confirma que los factores ambientales influyen en la percepción del dolor.
A temperaturas bajas, el cuerpo reduce el flujo sanguíneo en extremidades para conservar calor. Esto genera:
-
- rigidez matutina
- sensación de tirantez
- más molestias en articulaciones y músculos
Estudios en Journal of Thermal Biology muestran que la rigidez aumenta cuando la temperatura baja de 18–20ºC.
La humedad incrementa la excitabilidad de los nociceptores en tejidos sensibles. Y las variaciones de presión atmosférica han demostrado aumentar la percepción de dolor en:
-
- artritis
- migrañas
- tendinopatías
- dolor neuropático
- fibromialgia
Sensibilidad central: el factor clave
En personas con dolor crónico, el sistema nervioso funciona como una alarma demasiado sensible. En invierno, esta sensibilidad se amplifica. Según la neurociencia del dolor:
-
- el frío aumenta el input nociceptivo
- el estrés facilita la amplificación
- la falta de movimiento disminuye la inhibición descendente
Estrés y sistema nervioso autónomo
Diciembre suele aumentar el estrés emocional. El estrés activa el sistema simpático, que:
-
- aumenta la tensión muscular
- reduce el sueño reparador
- incrementa la percepción de dolor
- empeora la fatiga
- afecta al sistema inmune
Sedentarismo y aumento de sensibilidad
Menos movimiento =
-
- peor movilidad articular
- peor circulación
- mayor rigidez
- aumento de señales nociceptivas
- más fatiga
¿Cómo lo abordo en consulta?
-
- neuromodulación
- INDIBA
- terapia manual suave
- ejercicio progresivo
- educación en dolor
- presoterapia para piernas pesadas
- estrategias para modular el sistema nervioso autónomo
El invierno no tiene por qué ser un mes imposible.
Cuando comprendes qué ocurre en tu cuerpo, puedes prepararte mejor y reducir el impacto del dolor.
Si quieres que valore tu caso, estaré encantado de ayudarte.